Y así  comienza nuestra historia…

 

1964: El nacimiento de la escuela

Santa Magdalena, abrió sus puertas a los chicos del lugar el 2 de marzo de 1964, en medio del alboroto de un barrio que estrenaba un hogar para sus chicos. Pero como a todo nacimiento, lo precede un tiempo de gestación, de preparación de los acontecimientos que serán los que propician “el alumbramiento”.

Todo había comenzado un tiempo atrás, cuando en un golpe de suerte, el destino quiso que Bartolo Freddy se ganara la lotería. Por eso fue que decidió comprar esta preciosa casa.

 

Sin tener en claro que destino tendría, pasó un tiempo ocupada  por inquilinos, y dificultades; pero en el año 1963, cuando la recuperó se la legó a María Luisa Onetto, su hermana y ella entonces les preguntó a sus hijos que hacer con la propiedad.

Fue cuando Hebe, Bebi, Estela y Jorge sacaron a relucir los conocimientos, las experiencias y la fuerza, pero por sobre todo la determinación de encontrar un sentido en la vida de cada uno.

 

Entre ellos se repartieron las tareas docentes, organizativas, administrativas, logrando que todos, incluidos los hijos pintaran, rasquetearan y barrieran para que esta casa se convirtiera en “Ese Hogar” que el barrio entero supo que recibiría a cada uno de sus hijos.

Cada detalle, fue pensado minuciosamente; desde el escudo, el nombre que atravesó en la memoria del

Sr. Etchart, desde Oxford, hasta el diseño del uniforme, jumper, blazer con ribete celeste para las chicas o pantalón gris, camisa celeste para los chicos.

La exploración de los planes de estudio, que por aquellos años abrían en la historia de nuestras escuelas, la posibilidad de una educación libre, laica y mixta.

¡Todo convertía este emprendimiento en una maravillosa aventura!

Y así fue que se puso en marcha este complejo y precioso proyecto, teniendo en cuenta cada detalle, fruto de charlas, discusiones y sueños de todos…

Fue así, que primero como Instituto de clases particulares y al poco tiempo, abrieron de par en par esta puerta de entrada, se dio la bienvenida a cada alumno, que desde primero a sexto grado, de la mano de su familia poblaron esta ¡nueva gran familia que nacía llena

de esperanzas y ansiedades!

Llegaban desde distintos rincones del barrio a construir una comunidad ruidosa, alegre y exigente a la vez.

Los chicos en las aulas y algunos de los vecinos colaborando y siendo parte de las tareas de la escuela.

Por la mañana, en las aulas los maestros daban clases, y por la tarde en un clima distendido y armonioso se daban clases de inglés y hacían la tarea. Al medio día, en medio del fragor de la jornada, Bebi que administraba los recursos, hacía las compras para que Antonia una vecina primero, y luego Estela, que desde el aula daba instrucciones para que cocinaran un sabroso menú casero. Menú que comenzaba siempre con un primer plato de sopa caliente, así hicieran 185 grados Fahrenheit y como segundo plato alguna receta casera y sabrosa.

En aquella mesa, nunca faltaría el pan recién salido del horno de la panadería del barrio. Y entonces, envueltos en un aroma de hogar, los chicos almorzaban, bajo la supervisión de Estela, que se las ingeniaba para aplicar sus conocimientos de manual de “Buenos Modales y Costumbres”.

Desde la dirección, Hebe supervisaba este complejo y alegre proyecto sabiéndose dueña de la fuerza necesaria, pero también, descansando en el respaldo de la presencia de Chacho, el “Sr. Etchart”, que no solo enseñaba inglés, sino que hacía uso de su vozarrón y su metro noventa y…., para imponer presencia en caso de que fuera necesario.

Cada momento, cada situación resultaba una oportunidad para entregar a los chicos las herramientas necesarias para comprender, aprender y crecer.

Se sabían reconocidos y tenidos en cuenta.

Todos tenían nombre, apellido, sobrenombre, una familia que era parte de la comunidad y por sobre todas las cosas un teléfono al que llamarlo si se quedaba dormido a la mañana.

 ¡Del Santa Magdalena no se salvaba nadie!

O mejor dicho… ¡se salvaban todos!

 Porque los años y sus devenires han pasado, como testigos y protagonistas de los cambios de los tiempos. Tiempos en los que nuestras vidas, economía, proyectos han ido sufriendo virajes y adaptaciones necesarias.

Años en los que, se fueron algunos de los que convirtieron ese sueño que fue Santa Magdalena, en aquellos primeros encuentros familiares, en un proyecto trascendente.

Tan trascendente que los ha trascendido a ellos, entregando este “legado” a sus hijas, que no solo tomaron con aquel espíritu original, sino que lo han hecho crecer y lo cuidan con delicadeza y la fuerza necesaria.

Tan trascendente que ha trascendido a los alumnos de ayer que hoy vienen a traer a sus hijos confiando en la esencia humana que aprendieron aquí en su infancia.

Tan trascendente que cincuenta años después, sigue siendo un espacio en el que cada día se le da pelea a la incomprensión, al aislamiento a la ignorancia.

Tan trascendente que aún en medio de este remolino rabioso que es la realidad, cuando se entra por esta puerta, la que abrió hace medio siglo se sigue saboreando…

…¡No! A la sopa obligatoria y caliente…

 Se sigue saboreando, aquella fuerza y determinación de encontrar el sentido de la vida. Ese sentido que lo da “la entrega de las herramientas necesarias para que todos y cada uno de los chicos encuentre su camino en la vida”.

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ESCUELA

SANTA MAGDALENA

SEDES

Inicial: Juan de Garay 2350

Primaria: F.F. de Amador 1629

Secundaria: F.F. de Amador 1650

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